Kafka, una paleta helada y los vicios del lenguaje.

Poco tiempo antes de escribir estos renglones, estábamos  unos amigos y yo caminando por el jardín central de la universidad y me topé con un mini-local de una importante empresa que contrala diversas marcas. La excusa para acercarnos a la sucursal era conseguir una paleta helada para el insoportable calor que hacía.

Alrededor de las mesas de reclutamiento había televisiones con testimonios que contaban su experiencia de estudiar y trabajar en esta empresa,  en lo que fallábamos en la negociación de las paletas escuché de uno de los testimonios: “Trabajar en esta empresa me ha enseñado que no tengo límites, mis únicos límites están en mi mente”. La acción siguiente fue una inevitable cara de ¿juayderito? Decidimos irnos, tras el gran fracaso que significó el no conseguir nuestro paletero objetivo.

Para efectos de esta columna la frase carente de sentido del testimonio es importante.

¿El cuate aquel tendrá o no tendrá límites?¿Por qué una empresa quisiera contratar a alguien que diga ese tipo de frases?  Me parece que el humano se ha encargado de viciar el lenguaje de manera notable, aparentemente vivimos en una sociedad que ocasionalmente aplaude el mal uso del lenguaje.  Yo no sé en qué cabeza cabe pasar en un video promocional de tu empresa alguien que hable como el ya mencionado testimonio. Yo no digo que lo hizo con ese propósito, pero sirve de ejemplo. Es una especie de cadena, poco a poco se va viciando el lenguaje hasta que  los errores pasan desapercibidos. Todos debemos poner de nuestra parte para que  esto no suceda.

No se requiere ser un  filológo, un etimólogo y mucho menos sufrir una metamorfosis kafkiana y convertirnos en un diccionario  para hablar bien, en realidad lo único que se necesita es hablar correctamente con lo que tienes y procurar ir creciendo intelectualmente. El que se quiere rebuscar en su modo de hablar siempre le va a ir peor que al que dice las cosas claras.  Ese día me hizo reflexionar sobre los malos usos del lenguaje a los que se puede llegar y quedé con ganas de una paleta helada.

¿Más quejas que sugerencias? Escríbeme a @jlituarte (en Twitter)

5 pensamientos en “Kafka, una paleta helada y los vicios del lenguaje.”

  1. Pues no sé si la persona cree efectivamente no tener límites (más allá que los que puedan existir en su imaginario). Pero lo que si sé es que en esos casos el fin del comercial es puramente ese, ser un comercial. Hay que entender el contexto y concluir de la manera que mejor nos parezca. Por suerte el idioma y las palabras pueden tomar forma, y en gratas ocasiones provocarnos una metamorfosis.
    Saludos J.L.

  2. “¿Por qué una empresa quisiera contratar a alguien que diga ese tipo de frases?” o “querría”, no sé, vicios como todo. Al fin, te recomiendo las paletas de berrys o un buen helado cookies off.
    Saludos.

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